Huesitos, pero no de santo. En Francia, los mendigos hacían un pan que llamaban de Madame Montpensier. Estaba elaborado con huesos humanos molidos que eran sustraidos de las tumbas.
Con el alma presa. Los habitantes de algunos poblados galos acostumbraban a coser todos los orificios corporales del finado para que su espíritu no se escapara


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